No digas nada.

“No digas nada, por favor. Todavía no es tiempo. Guarda el secreto, aunque se te note en la cara. Cueste lo que cueste, no digas nada.

Anda, guárdatelo. Por más ganas que tengas de subirte a la torre más alta y que tu grito deje callados a los cuatro vientos, no digas nada. Todavía no. Déjame contar hasta tres y entonces, lo decimos juntos. Te lo prometo.

Toma, guárdame esto con cuidado. Se llama secreto.

Un secreto es un espacio compartido por dos o más personas, pero en este espacio sólo cabemos nosotros, por el momento nadie más. Hagamos que esto crezca de a poco y cuando ya no podamos ocultarlo más, cuando la sonrisa se nos escape por las comisuras de los labios y la preocupación se transforme en total y absoluta alegría. Ya lo diremos. Pensemos que es un simulacro, que estamos a prueba. Que acabamos de sellar un pacto con el último beso que nos dimos. Que nuestras bocas están cerradas o que están ocupadas sellando más pactos entre nosotros. Que cuando el incendio sea real, ya se enterarán.

Que si se enterarán.

Guardemos este secreto tan tuyo y mío. Voltéame a ver buscando aprobación para contarlo cuando estemos frente a los demás. Lee en mis ojos que todavía no es tiempo. Encontremos en el puente de nuestras miradas la complicidad de quienes callan a sabiendas que, si gritan, se entera el mundo entero.

No digas nada. Guardemos silencio y no porque esté prohibido contar nuestro secreto si no, porque para empezar es nuestro. Segundo, hazme caso, todavía no es tiempo. Déjame contar hasta tres y entonces, que se enteren. Se lo diremos a quien quieras, de querer. A quien te conoce y a quien no, a quien le importa y a quien le dé exactamente lo mismo, que por testigos no paramos, pero por favor, no digas nada. Y si preguntan, ya nos inventaremos algo y cada fin de semana llegará una excusa nueva. A que suena divertido.

Es más, te reto a guardar silencio a ti que tanto trabajo te cuesta. Lo sé.

Tus ojos lo gritan y tu sonrisa no puede esconderlo, pero por favor, no digas nada.

Contemos hasta tres, después lo gritamos al mismo tiempo.”

No digas nada, me pediste y aquí estoy, callando. De manera escandalosa, pero guardando silencio.

Una.

Dos.

Y tres.

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